Atrapada en un lugar del espacio-tiempo indeterminado, la mansión —cuyos habitantes no pueden abandonarla pues han sido seducidos por ella —, puede despertar en cualquier lugar o época de un modo imprecedible. Eso lo decide la pluma del escritor o escritora que se aloje en Mhanseon. Pero… ¿quién vive en la mansión? Pasa y lo comprobarás.

6 de febrero de 2012

Secretos, secretos...

Ilustración Benjamin Lacombe
 El camino que conducía al invernadero ribeteaba el delicado manto de hierba fresca con un sendero de pequeñas baldosas de barro. Entre ellas, y saltando de puntillas con sus diminutos pies de geisha, Akane Fuchida hacía equilibrios trasladando sendos vasos de licor en sus manos. No le gustaba especialmente aquel lugar porque el perfume que emanaban las orquídeas tropicales, se le antojaba pegajoso como el hedor que rezuma el alcohol bajo las mantas. Sin embargo, aquella orla vítrea y gigante era el refugio de Benjamin. Un arcano de cristal y gotas saturadas por el vapor, que embellecían las plantas y templaban el maltrecho espíritu del gastado trompetista.
           
Akane se las arregló como pudo para abrir la puerta sin verter el líquido, y tras el esfuerzo, comprobó que, entre el libre albedrío de las hojas, el anciano adusto de piel arrugada como una cáscara de nuez, dormitaba sobre la silla de ruedas, igual que un horno amodorrado por el rescoldo. La luz se tornaba ligeramente irreal, y el ambiente, húmedo y cálido, aletargaba los párpados.

— Whisky on the rocks para el caballero.

— ¿Qué haces aquí pequeña? — Benjamin, sobreponiéndose al sobresalto, enfrentó la mirada de la muchacha con unos ojos negros que parecían haber perdido la vida hacía mucho tiempo —. A ti no te gusta el invernadero.

            Akane se encogió de hombros y se sentó en un banco de madera encendiendo un cigarrillo en su larga pipa. Los dos permanecieron un tiempo en silencio. Uno saboreaba su copa, la otra se distraía en estallar las pequeñas gotas que se acumulaban en las hojas.

— Esconderte de ella no hará que te sientas mejor.

— Cierto, pero de algún modo me protege. Esa mujer es un huracán de rabia que arrasa con todo — argumentó el anciano, permitiendo que su mirada se hiciera cristalina por la emoción.

— Louise sufre.

— ¿Acaso crees que no lo sé? — Benjamín puso sus delgadas manos en el borde de la manta —, pero ¿quién no lo hace? ¿quién de nosotros no arrastra la sombra helada de la pérdida?


            La mirada de Akane se endureció repentinamente, y, al tiempo que se tornó marmóreo el blanco de su tez, desposeyendo a la joven de la vivacidad que irradiaba.

— Mira, Ben, todo ese festival de barbaridades que Louise deja escapar entre sus labios los días impares... porque de los pares mejor ni hablar, nos parece algo atroz. Pero, cuando se está así de destrozada, es un comportamiento común. Y, créeme, yo la entiendo.

— ¿De qué me hablas? — repuso.

— ¿Te has imaginado alguna vez lo doloroso que es vivir con una suicida? No querer ir al colegio porque temes que en tu ausencia haga una locura. Sentir, a los ocho años, el peso de la responsabilidad de mantener a tu madre con vida. Esconder cuchillas, tirar medicamentos, no ir a jugar por no dejarla sola. Y luego, lo peor, perderla junto a tu padre el mismo día. A una porque se la tragó el mar y al otro, una botella de whisky escocés barato. Claro que la entiendo, demasiado la comprendo.
            Si Benjamín Cooper hubiera podido andar, en aquel momento se habría levantado para arropar a la japonesa altiva que se encontraba frente a él, sin embargo no le quedó más remedio que ahogar un grito de tristeza y mirar, con desprecio, el vaso que sostenía entre las manos.

— ...Pequeña princesa, lo siento de veras, he sido tremendamente egoísta — intentó alcanzar la mano de Akane desde su inmóvil posición de lisiado tembloroso —, pero… nunca imaginé que arrastraras tanto sufrimiento.

— ¡Eh, eh, eh! Si lo llego a saber no te cuento nada. ¡Mira qué cara de entierro! Eso ya pasó, yo estoy bien — poniéndose en pie, deslizó una mano por el contorno de su figura, y prosiguió— Mira, ¿qué te parece? Pura elegancia...

— ¡Ya lo estás haciendo otra vez!

—¿Hacer qué? — Akane, volvió a sentarse, contrariada.

— No hablar de lo que llevas por dentro, de lo que te apena, de los pequeños cristales que laceran tu alma.

— Pero, ¿qué dices Ben? Si yo no me callo.

—Desde luego que no lo haces, ni bajo el agua. Pero desvías la atención con frivolidades.

—¡Oye, que mi conversación es muy interesante! — protestó la muchacha.

—¡Será interesante! Tanto como cuando parloteas sin parar de ese grupo, que nadie conoce por cierto….

—Franz Ferdinand.

—Como sea... ¿A quién le importa el dichoso grupo de poperos de dos acordes? Y cuando no son estos, es lo bien que escribe Victoria... Y tenemos que leer todos sus jodidos cuentos ¡que no terminan nunca, Akane!

—Los cuentos de Victoria son preciosos, y lo sabes — sonrió Akane, atildándose el pelo coquetamente.

—Vale, escribe muy bien...  Como Liam ¿no? “Ay, Liam, qué capacidad tiene para hacer realidad la magia”.... “Qué persona más fascinante es Liam, tan taciturno y arrogante”.... -continúo para sí, mientras trataba de emular aquellas ocasiones en las que soportó comentarios similares.

— ¿Qué insinúas, Benjamín Cooper?

            Benjamín se detuvo un instante para medir sus palabras. La muñeca japonesa a tamaño real que se sentaba frente a él, era una de las personas más importantes de su vida actual. Nada apesadumbraría más su ánimo maltrecho, que hacer daño, con un puñado de certezas, a aquella frágil hacedora de las historias mínimas que, cada mañana, aparecían escritas en papel de flores bajo su almohada, recordándole que aún le quedaba un motivo para respirar.

— Lo que quiero decir es que si ese escocés soberbio y testarudo, traidor al Whisky, con una inclinación animal por la ginebra, y un gusto envidiable por las mujeres, se armara del valor de sus antepasados de las altas tierras y se declarara, nos haría un tremendo favor a todos.

— Francamente, no te entiendo — aunque en los ojos de Akane, se dibujara  una pequeña llama de satisfacción al saberse descubierta en su secreto, sin haber mencionado una sola palabra.

—Pues es muy sencillo, te guardas todo: lo bueno y lo malo. Sobre todo lo malo — recriminó Benjamín.

—Pero no te enfades, abuelete —Akane arrugó la nariz.

—¡No me pongas pucheros, niña! ¡Yo inventé los pucheros! Y no me llames así, que sólo podría ser tu padre.

—¿Y si te cuento un secreto? —musitó la muchacha con picardía.

—¿Un secreto?... ¡Ay, qué barato me vendo! A ver.. cuenta, cuenta. —replicó simpático con ademanes afectados.

— Liam quiere que demos un paseo en el nuevo Aston Martin que se ha comprado.

— ¡Ese chico y la velocidad! — amonestó teatralmente con un reproche en la voz —. ¿Y crees que al menos hará algo digno, como, por ejemplo, besarte?

—¡Ja, como si te lo fuera a contar! — Akane chasqueó la lengua y esbozó una ligera sonrisa ladeada.

—No hará falta, lo sabré.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué? —cruzando los brazos sobre el pecho, Akane frunció el rostro como una niña pequeña enojada.

— Simple... Dejarás de hablar sobre él.


            Akane se levantó con la delicadeza de un nenúfar que se deja mecer por la brisa en otoño, y depositó un delicado beso en el rostro endurecido de su amigo, después, abandonó el invernadero retomando su juego de pisadas alternas sobre las baldosas del sendero. “Secretos, secretos..”, canturreaba.

            Todos guardaban secretos en aquella mansión. El de ella era saber que todas las noches, desde hacía meses, Liam Walls se adentraba en su habitación con una taza de chocolate caliente para beberla juntos después de besar cada poro de su cuerpo, haciendo así que el puzzle de su existencia cobrara sentido. Su secreto ocurría cada noche, frente a la presencia durmiente de todos, inmerso en una fascinante burbuja exclusiva de dos.

“Secretos, secretos…” — canturreaba Akane Fuchida.

Chim pum!
Laura Frost


4 comentarios:

  1. Vengo de NW. Aquí se respira magia...

    Saludos a todos.

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  2. Ya sabes que tu AKANE es especial.. besos Laura ..

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  3. (Se pone loca) ¡ME ENCANTA!! Un SR. Blog. Buen trabajo!

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  4. Vale,ya te dejaré opinión. No sabía que escribías megarrelatos.

    Saludos.

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