Atrapada en un lugar del espacio-tiempo indeterminado, la mansión —cuyos habitantes no pueden abandonarla pues han sido seducidos por ella —, puede despertar en cualquier lugar o época de un modo imprecedible. Eso lo decide la pluma del escritor o escritora que se aloje en Mhanseon. Pero… ¿quién vive en la mansión? Pasa y lo comprobarás.

19 de febrero de 2012

El Descubrimiento de Louise Svensson por Luna



Ayer en la tarde, cuando el sol, solo dejaba un tímido asomo a su recuerdo caminaba en los lugares que serían los  parques de Mhanseon. La arquitectura a ello me conducía. Caminaba abrigada como obligan los inviernos.


Pasear e intentar hablar con la tierra y sus caminos, es un antojo necesario que me acompaña desde siempre, y en los veranos, hacerme una espiga mas de los trigales. Desde siempre he sabido que soy parte de la tierra, que para alcanzar sus secretos hay que estar de su lado, y yo, hace tiempo esbocé un secreto que voy a revelar. Cuando se llevan flores al cementerio, no se habla ni al que fue padre, madre, hermano o hijo, se habla a la tierra y ella lo compensa con alivio. Así que sintiéndome parte de la tierra he ido conociendo los tesoros que guarda, las huellas que le han reportado mayores experiencias, los llantos que se han sembrado en ella y las risas que le han dejado una estela de recuerdos en sus ecos.

Con Ron, la mascota que acompaña a Aspid hemos logrado una buena amistad, y suele ofrecerme su compañía cuando observa que busco el camino al lago, a las praderas o a los espacios desolados que muy pronto florecerán.

Movida por la curiosidad a responsabilidad del exquisito Conde Torn, me dispuse a hacer una ronda al invernadero; semillero de esperanzas para la próxima primavera. Sentí que alguien trataba de toser discretamente, al darme vuelta, encontré de frente a una mujer rozagante, con ojos de color azul profundo. De lentes transparentes y marcos rectangulares, sus mejillas color rosáceo vivo, como si ellas no se percatara del invierno. Enfundada en un impermeable emplumado y los rastros de una bufanda de colores de verano, se dejaban ver  entre los ángulos del cuello y el capote que le protegía la cabeza. Es una mujer muy grande y vigorosa, de contextura atlética, diría yo. No me sorprendió encontrarla de repente, porque su tos, había anticipado su presencia. Mutuamente nos sonreímos y nos dijimos, --¡hola!-, acompañado de una sonrisa mutuamente espontánea. Yo, traté de excusarme por estar husmeando su territorio, como lo vine a saber más tarde. Pero la mujer me tomó por el brazo y me dijo que le hacía feliz encontrarse con alguien que a hurtadillas le contemplara sus bebés. 
Hablamos largo rato sobre los jardines ingleses y franceses. Me contó de los planes para los jardines de Mhanseon, yo me ofrecí a ayudar en la tarea. Así que acordamos vernos todos los miércoles para trazar los planes.

Le dije, que podría haber otros escritores que habitan temporalmente a Mhanseon, que al igual, estarían interesados en apoyar el trabajo de campo. Ella manifestó que todos serían bienvenidos.

Sospechan ustedes ¿quién es esta mujer?
La mujer que trabajó como enfermera en conflictos bélicos, a quien le encanta cuidar las plantas del jardín. LOUISE SVENSSON. 

Luna11

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