Atrapada en un lugar del espacio-tiempo indeterminado, la mansión —cuyos habitantes no pueden abandonarla pues han sido seducidos por ella —, puede despertar en cualquier lugar o época de un modo imprecedible. Eso lo decide la pluma del escritor o escritora que se aloje en Mhanseon. Pero… ¿quién vive en la mansión? Pasa y lo comprobarás.

10 de febrero de 2012

El secreto de Andrea

A la pequeña Andrea le fascinaba que le contaran el cuento de Blancanieves. Se imaginaba que ella era la princesita abandonada y encontrada por siete divertidos enanitos, que la idolatraban y no podían vivir sin su presencia. Pensaba que todos estaban medio enamorados de la niña, que, sin conocer quien era, no aspiraba a otra cosa que a hacerles la jornada más agradable cuidando de su pequeña casa. A Andrea le gustaba inventarse historias y sucesos protagonizados por ella misma a partir de los cuentos que leía o le contaban. Un día escondió los gorros de los enanos y todos se volvieron locos buscando por el jardín ese atuendo, pues era imposible imaginarlos sin esa pequeña prenda sobre su cabeza. A Andrea le gustaba representar sus propias historias, sus cuentos sobre los cuentos, y para ello utilizaba el jardín y el invernadero anexo para desarrollar su fantasía. 

- Crear cuentos sobre los cuentos - decía su abuela - como si no hubiera ya bastantes cuentos en el mundo, bonitos y llenos de magia, para tener que enmendar la plana a los grandes autores que los crearon.
- Déjela, madre, es una niña llena de imaginación. Seguro que, cuando crezca, ella también será escritora.
- Escritora de cuentos, Victoria...Como se ve que no es tu hija. Lo más probable es que, a este paso, confunda la vida real con la vida imaginada, dos cosas muy distintas. Y no distinguir la realidad de la fantasía le traerá siempre problemas.

En el fondo Victoria sospechaba que su madre tenía razón. Ella había vivido siempre en un mundo ajeno a su modo de pensar y sentir. Miraba a Andrea y recordaba sus enlaces frustrados, su negativa a unirse para siempre a un hombre, justo en el último momento y por un detalle inesperado que le hacía comprender que no era la persona con la que iba a ser feliz compartiendo una vida. Victoria Robles miraba a Andrea y se veía reflejada en su carita, pecosa como la de ella, blanca de piel y azul la mirada, como la de ella. Y más claros sus ojos, pero igual de inocentes.

-  Me recuerdas tanto a tu sobrina. Tú también, de pequeña, vivías en las nubes. Creías que la vida era de color de rosa, que no había problemas. Y mírate. Una mujer preciosa unida...a un gato. Sola y sin un hombre que la sostenga.
- Nunca quise que un hombre me "sostuviera", madre. Precisamente me hice maestra para trabajar y no tener que depender de nadie.
- Y por eso, finalmente, no te casaste. Al final veías en cada hombre que te pretendía una amenaza para tu vida. Y, sin embargo, llegaste a comprar el traje de novia cuatro veces...
- Y aún los guardo. Me hace ilusión conservar el pequeño momento de ilusión que supuso su compra.
-  Eres extraña, Viky, una chica, bueno, una mujer ya, extraña. Es como si pensaras que valía más lo que te habías creado alrededor del matrimonio que el matrimonio en sí.
-  Algo así, sí, algo así.


La tarde declinaba y Victoria y su madre dejaron de hablar. Andrea llegó de improviso hasta el porche donde su tía y su abuela la esperaban para regresar a la casa. De repente, la niña se quedó quieta y miró fijamente a su tía, quien, sorprendida, sonrió y, con un ligero ademán, acercó su mano a la mejilla de Andrea para acariciarla. La niña se apartó, seria, sin aceptar el gesto.

- ¿Qué pasa Andrea, qué te pasa? ¿Por que me miras así?

Andrea permaneció en silencio y bajó la mirada. Luego, sin previo aviso, echó a correr.

- !Andrea! !Andrea! ¿Donde vas? !Vuelve! - gritó Victoria.  Pero la niña siguió corriendo y se alejó de la casa. Corrió hacía los últimos restos de sol y se perdió en el horizonte. Esa fue la última vez que vieron a la niña. Pero la abuela se levantó y  apoyándose en su bastón, sin el más leve gesto de inquietud, miró a Victoria, que cerró el cuaderno en el que había estado escribiendo toda la tarde, y, con voz rotunda y clara, le dijo:
- Vamos, Victoria, es tarde. Ya sabes que la niña nunca regresa. Quizás, algún día, uno de los príncipes que siempre has rechazado consiga romper el hechizo y la traiga de vuelta.

Emilio Porta (Port2011)

6 comentarios:

  1. El secreto está en el cuaderno, quizás Victoria no escribe el final de la histora porque ella es Andrea.

    Un placer, como siempre, Emilio.
    Ya ves, provocas imaginar...

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  2. Interesante, muy interesante y perfecto...a ver ..

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  3. No puedo decir otra cosa que muy bueno y que me ha gustado.
    A mi me encantan los cuentos de siempre interpretados con una visión moderna.
    Tengo a Caperucita en diferentes versiones; roja,verde,de colores,sin texto y en puzzle.

    Muy interesante relato.
    El secreto de Andrea está en su autor.
    Por lo general a los hombres les gusta las mujeres de cabellos largos e ideas cortas.

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  4. No es mi caso, Old Tree. Me gustan las mujeres con ideas y corazón amplio y profundo. Me gustan los seres humanos capaces de pensar y sentir. Gracias por tu comentario :-)

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  5. Carmen, gracias. Sé que te ha gustado :-)

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  6. Gracias Luna del Sur. Quizás, perhaps...:-)

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