Atrapada en un lugar del espacio-tiempo indeterminado, la mansión —cuyos habitantes no pueden abandonarla pues han sido seducidos por ella —, puede despertar en cualquier lugar o época de un modo imprecedible. Eso lo decide la pluma del escritor o escritora que se aloje en Mhanseon. Pero… ¿quién vive en la mansión? Pasa y lo comprobarás.

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23 de mayo de 2012

Imaginarium


—Zoro querido, te tengo muy dicho que nada de uñas de los pies.

—Es que no hay otra cosa.

—Guilles, deja de discutir con el roedor— refunfuñó el Fantasma sacando la llave que había sustraído del comedor.

—Ha empezado él.

—No seas crío, amor— el caballero del alto sombrero de copa sonrió de oreja a oreja.

—Vamos, no tenemos toda la noche— pasaron al interior de la buhardilla donde la oscuridad era casi absoluta. Bajo su sombrero de ala ancha, la mirada del Fantasma se desliza hacia un bolsillo interior del que saca un pequeño libro de tapas de cuero. Al abrirlo, cientas de curiosas luciérnagas azules y mariposas irisadas iluminan la habitación revelando sus miles de libros de donde asoman hadas y otros seres extraños para ver al peculiar trío.

—Estaba pensando, ¿no deberíamos hacer algo con esa chica del pelo largo? Ya nos ha visto varias veces.
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16 de mayo de 2012

Kira por Atxia




Louise y la  pequeña Kira, sentadas en el sofá que hay en el porche de la casa, miran el cielo. Kira no deja de moverse, nerviosa,  esperando el momento en el que comience la lluvia de estrellas anunciada para esa noche. 

-Tranquilízate, Kira, todavía hay mucha claridad para que se puedan ver las estrellas. ¿ Qué quieres que hagamos mientras? 

-Mami, ¿por qué no me cuentas una de tus historias? –dice la niña mientras se estira en el sofá y apoya la cabeza en el regazo de su madre. 

Louise sonríe mientras le retira un rizo que le cae sobre la frente. “Cada día se parece más a Liliana. Sus rasgos tan finos, el pelo  negro ensortijado, los ojos verdes...” 

-¿Te acuerdas  del libro que leímos la semana pasada? 

-¿El Principito? 

-Sí. ¿Y recuerdas que al final del libro Antoine pedía que si alguien se encontraba a Principito le escribiera una carta para decirle que había vuelto? 

-Sí. 

-Pues yo le escribí esa carta. Hace unos años, antes de que tú nacieras, tu padre y yo estábamos trabajando en África. Los días que teníamos descanso, aprovechábamos para escaparnos al desierto. Nos gustaba el silencio que había en él, el tacto de la  arena, el misterio que esconde, su constante movimiento...Un día, mientras tu padre preparaba el fuego junto al que cenábamos cada noche, me alejé del campamento para dar un paseo. Y cual fue mi sorpresa cuando, tras una duna, divisé la figura de un niño que se acercaba hacia mí. Cerré los ojos. ¡No podía ser! Pero al abrirlos de nuevo, continuaba allí, avanzando, cada vez más cerca. 

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15 de mayo de 2012

Fantasías animadas de ayer y hoy por Ritman


“Se necesita una botella que tenga llena sus tres cuartas partes con agua, tres dientes de ajo, pequeño mechón de pelo (de la persona que realiza el encantamiento) y siete agujas de coser. Con la botella cerrada y agarrada con la mano derecha se repite tres veces la siguiente oración: “Todo el mal que llega hacia mí, volverá para atrás. Seré libre de amar a quien yo quiera.”

Luego se coloca la botella de vidrio en la hornalla de la cocina y se enciende el fuego, se cierra bien la puerta de la cocina y se sale para afuera de ella un tiempo hasta que la botella explota. Sucedido esto se entra nuevamente a la cocina y se apaga el fuego y se juntan todos los elementos dispersos, se colocan en una bolsa de basura y se sacan rápidamente fuera de la casa.
Supuestamente este hechizo elimina toda influencia de otras personas que quieren dominar sus emociones y sentimientos, y garantiza que esa persona no podrá molestar nuevamente.”

-Encontré  la receta  de este contra hechizo con botella, dentro de una botella, precisamente. Cómo un mensaje.

-Message in a bottle- añadí  con la  innecesariedad que me caracteriza.
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13 de mayo de 2012

En la sala secreta por NClarín



 Hoy he subido a las buhardillas de la mansión. Lo he hecho temprano, antes de que mis colegas y el personal de la finca se despertara, quería ver amanecer en Mhanseon y quería estar solo,  sentir la magnificencia del amanecer  en soledad, ver y percibir cómo las sombras huyen de la luz y la naturaleza muestra su colorido en todo su esplendor  a medida que el amante de la aurora se levanta en el horizonte. 
  
 Desde mi atalaya contemplo en un primer plano, tamizado por la tenue luz del amanecer, un bosque de pinos en el que los abetos enseñorean su esbeltez. Hay también olmos y fresnos y otras especies que le dan al paisaje una rica variedad de tonalidades que van desde el verde intenso, casi negro, hasta el más tenue, casi amarillo. En un claro del bosque, un riachuelo  discurre mansamente  y, a su izquierda, un camino se pierde en la frondosidad del paisaje.  
  
Me embeleso contemplando la serenidad y la belleza que se desprende del espectáculo que contemplo y dejo volar mi imaginación y mi fantasía. 
   
Tengo bajo mis pies un retazo de naturaleza viva que se muestra ante mí indiferente a las sensaciones que despierta. Seguramente es capaz de sentir emociones por sí misma, pero discretamente las oculta, solo se muestra tal cual es y, desde su mudez, te habla, te sugiere, te embriaga, te transmite sentimientos y nunca te engaña, se muestra tal cual es y se deja querer.  Tiene una pasión, la exuberancia,  y una virtud, la multiplicidad de su colorido. Esta soy yo, parece decirte. Meterse en su cama será otra cosa. 

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10 de mayo de 2012

El príncipe por Nanny


Cielo gris. Grises montañas. Bosque gris. Grises campos. El castillo es gris, la ciudad es gris, el reino es gris. El mundo es gris. No hay atisbos de ningún otro color, sólo gris, en toda su variedad de tonos, desde el casi blanco hasta el casi negro, pero siempre gris, gris, gris. Omnipresente  triste gris.
El hombre, sentado en lo alto de la colina, observa, suspira y recuerda como era el mundo antes de que el gris lo llenara todo. Antes de que se llevaran al príncipe, el rey falleciera sin heredero y el mundo quedara abandonado a su suerte.

Antes -recuerda- el aire era tan diáfano que se podía ver a más de un kilómetro y, en un buen día, hasta era posible oír el zumbido de una abeja a tres kilómetros... o al menos eso decía siempre su padre. Los colores eran tan vibrantes que casi dolían, la comida era tan sabrosa que aún salivaba al recordarla. Las ciudades estallaban de ruido y color. Los campos eran fértiles. El mundo era un lugar rebosante de vida, de vida colorida y ruidosa, de vigorosa y maravillosa vida... Ahora, sin embargo, el aire era pesado y difícil de respirar, no había más color que el gris, la comida no sabía a nada, las ciudades parecían habitadas por grisáceos zombis, en los campos sólo crecían unas raquíticas plantas, la vida se arrastraba aplastada bajo la monotonía del gris.
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7 de mayo de 2012

Crónicas de Rhen-Aniam por Laura Frost




El crepúsculo en la estación de tránsito siempre era frío y silencioso en aquellas tierras inhóspitas del norte. Aunque Rhen-Aniam estaba gobernada por dos largas estaciones extremas —Rhen, cuando los días son largos y calurosos a excepción de Frozen Lands, y Aniam, cuando el azote de los vientos helados del norte devastaban todas las regiones imponiendo en el paisaje cientos de tonalidades de blanco—, con ellas convivían armoniosamente los tránsitos, unos cortos periodos de tiempo donde las temperaturas se suavizaban y en los que las distintas regiones de Rhen-Aniam se enarbolaban de vida. Los habitantes de aquellas tierras veían trascurrir sus vidas entre la impenitente circunferencia que imponían esas dos grandes estaciones extremas y sus pequeños tránsitos.

Kirlam había nacido en Rhen- Yatsu, el tránsito hacia el fuego y eso le convirtió desde su nacimiento en un ser especial, una raya en el agua que se produce una vez cada miles de años.

Hasta aquel momento nunca habían nacido niños humanos en los tránsitos, solo las hadas gozaban de ese privilegio y ellas habitan en la región de Los Lagos, muy lejos de las Montañas Circulares y jamás se mezclan con los humanos. Pero Kirlam no era solo humano y Sardack —la Reina Sapo—, lo sabía. Veintiocho ciclos atrás, la reina había lanzado sus huestes personales, la guardia más cruenta que se pueda imaginar liderada por el impasible Zolden, y tras arrasar con todo el clan había secuestrado al bebé de pecho que aún era Kirlam para educarlo bajo su tutela y su mando en las artes de la magia negra, inculcándole cada día, con laboriosa tenacidad, los principios que sostenían su imperio de terror. Ahora su nombre era Kirlam Temed.
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5 de mayo de 2012

Fantasía por Vichoff


La casa de mis padres no tenía buhardilla, tenía desván. Al menos así llamábamos mi hermano y yo a aquel espacio inmenso lleno de sombras al que se accedía desde una estrecha escalera que arrancaba del primer piso y al que nos escapábamos a jugar en cuanto teníamos ocasión. Había baúles con ropajes antiguos, un montón de trastos viejos, estanterías con libros enmohecidos por la humedad, muebles desvencijados y un enorme armario de sacristía en el que colgaban varias casullas. Nuestros favoritos eran, sin duda, los baúles, en los que encontrábamos ropas suficientes para disfrazarnos casi de cualquier cosa. El preferido de Jorge era un sombrero de ala ancha con el que se convertía, ayudado por su espada de madera, en un mosquetero dispuesto a rescatar a la princesa del barco donde los piratas la mantenían prisionera. Cuando le ganaba aquel afán aventurero, que era casi siempre, me obligaba a ponerme un viejo vestido de aya, me escondía en un rincón, detrás de un antiguo espejo de pie, y me ordenaba permanecer quieta y en silencio hasta que él, después de recorrer el desván varias veces, de acá para allá, blandiendo su espada contra fieros piratas imaginarios, esquivando ataques y votando a bríos constantemente, llegaba a salvarme.

Yo protestaba porque aquel papel pasivo me aburría sobremanera. Yo quería ponerme un sombrero, ceñirme una espada y pelear contra los piratas, pero Jorge no transigía.

—Si tú también eres mosquetero, entonces… ¿a quién rescatamos?

Entonces le propuse invertir los papeles: él se quedaría detrás del espejo, esperándome, mientras yo me deshacía de mis adversarios.

—Eso no puede ser —dijo con absoluta convicción.

—¿Por qué?

—Porque tú eres chica y yo soy chico.

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17 de abril de 2012

Fantasía por Mara Nefill



Mhanseon 30/11 /1880

Hoy recibo a mi primer invitado. Una mujer. Se llama Victoria Robles. Mi padre me puso un cable desde España, a donde había ido a cerrar unos negocios, avisándome de que había encontrado a quien sería mi primera invitada.
“Mi querida reina Morrigan, mi amada hija. Los negocios van bien. Pronto volveré a casa, solo espero resolver unos asuntos con mi agente español para coger el barco y regresar a tu lado. Pero antes que yo llegue tendrás una visita, tu primera invitada va de camino. Te encantará, estoy seguro. La conocí en un hotel aquí, en Sevilla. No te cuento más. ¿Recuerdas nuestro juego? Ella tiene el don. Y el secreto. Tu padre que te adora.”
El segundo nombre
tiene su secreto
se escribe en tinta negra
sobre el blanco tierno.


Mhanseon  30/11/1955

El ruido de la máquina de escribir de Walls se superponía a la trompeta con la que Cooper, en el jardín, atraía a los cuervos y espantaba los gorriones. Hacía cuatro días que la música había vuelto a su vientre, gestando canciones nuevas que le recorrían todo el cuerpo.
Héctor le sorprendió con los ojos cerrados y los dedos veloces sobre los pistones.
—Nunca tocaste esta canción ¿de quién es?—le pregunto. Parecía recién salido de la cama, con el pelo revuelto y aún sin afeitar. Tenía los dedos manchados de tinta negra.
A Cooper le sorprendió verlo así a las doce de la mañana. Otro día ya habría preparado algo para almorzar. —¡Vaya! —le dijo—y tú ¿de dónde sales? Parece que te hayas acostado vestido.
—¿Acostado? Oh, no. He tenido una noche llena de sueños… inspiradores, creo. Tuve que levantarme y ponerme a escribir. Pero tú… ¿esa melodía? Me encanta, es…  tristemente… ¿sensual?
—Sí —le contesto sonriendo. Su rostro se iluminaba cuando reía—. Hace tiempo que no componía. Aún no la terminé, claro. Tengo la melodía pero sólo los primeros versos: Mujer de rostro vacío/ impenetrable muro de hierro/ forjado de engaño y ginebra — recitó con una voz grave.
—Vaya, Benjamin, es buena, muy buena diría yo. No me habías dicho que eras tan buen compositor.
—Bueno, es una triste historia, amigo. Ya le cantaré a usted cuando termine—le contestó en castellano. Cooper aprendía rápido los idiomas y a Héctor le encantaba enseñarle.
—Muy bien. Aprendes rápido amigo—Héctor le palmeó la espalda—. Voy a asearme antes del almuerzo. Por cierto, que hoy dejé a la pobre señora Albrich sola con toda la cocina.

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