Atrapada en un lugar del espacio-tiempo indeterminado, la mansión —cuyos habitantes no pueden abandonarla pues han sido seducidos por ella —, puede despertar en cualquier lugar o época de un modo imprecedible. Eso lo decide la pluma del escritor o escritora que se aloje en Mhanseon. Pero… ¿quién vive en la mansión? Pasa y lo comprobarás.

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4 de abril de 2012

El cuaderno de Victoria por Nucky



Desde la noche del 13 de febrero nada había sido como antes. El comportamiento de Vichoff se había alterado, en ocasiones parecía esforzarse para aparentar esa normalidad a la que me tenía acostumbrada. Le pregunté algunas veces por aquella noche y siempre repetía lo mismo “No hay nada más, niña, te lo he contado todo” y buscaba enseguida otro tema sobre el cual dialogar. Pero no podía engañarme, habíamos pasado el suficiente tiempo juntas para saber que algo me ocultaba. “Qué es lo que viste, Vi”, ¿por qué no me lo cuentas?”. “¿De qué tienes miedo?”. Todos esos pensamientos me rondaban por la cabeza.

Lejos de seguir presionándola, decidí investigar por mi cuenta sabiendo que aquello me costaría unas cuantas explicaciones y yo no era demasiado buena dándolas.

- Niña, ¿quedamos luego para dar un paseo?
- No voy a poder, quiero terminar un relato que tengo empezado.

Creo que ella se daba cuenta de mis mentiras porque no es algo que se me de bien y  mis respuestas podían llegar a rozar el absurdo.

-  Entonces te veo luego, ¿no?
-  Ummm, bueno, no sé, no me encuentro bien.
- ¡Pero si esta mañana te he visto corriendo por el jardín!  En fin, estaré en mi cuarto, si te apetece pasa a buscarme.

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29 de febrero de 2012

Necesitamos un Plan por Nucky


Los días transcurrían tranquilos en la mansión. Todos los huéspedes parecían concienciados de cumplir el contrato y se encerraban gran parte del día en sus habitaciones para escribir. Yo no sabía cómo eran capaces de hacerlo, aquella casa ocultaba grandes misterios y todos sus huéspedes, con movimientos casi programados, parecían no darse cuenta de esas habitaciones misteriosas que permanecían cerradas, de esos personajes que nos perseguían con su mirada desde los cuadros, tratando de captar nuestra atención, y de esas melodías melancólicas con tintes de jazz que de vez en cuando se escuchaban por toda la casa.

La noche del 13 de febrero sería una fecha importante en mi estancia en Mhanseon, por una vez en mucho tiempo el sueño llegó rápida y sospechosamente de forma natural. Esa noche fue la primera vez que no deambulé por los pasillos de la casa junto a Vichoff. Aquella mañana, mi reloj biológico tampoco quiso despertarme y tuve que esperar a que tres golpes secos en la puerta me sacaran de mi trance. Mientras me incorporaba, escuché la voz de Vichoff desde el otro lado de la puerta. Me incorporé y la abrí.

- ¿Estás bien, niña? – Preguntó Vichoff- ¡Son las doce!
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6 de febrero de 2012

Secretos



La noche del 25 de diciembre llegó a mí, de la forma más inesperada pero con una urgencia que era necesaria en mi vida, un pequeño paquete. Me sorprendió el hecho de encontrarlo apoyado en el poyete de la ventana y, aunque no tardé ni un segundo en preguntarme su procedencia, por primera vez en aquel año no quise darle importancia a un suceso y menos aún intentar averiguar su causa. Simplemente pensé que era mejor atribuirlo a “esas cosas mágicas que, solo en Navidades, pueden suceder”.

El paquete, cuidadosamente envuelto, contenía un DVD y una tarjeta en la cual estaban grabadas en negro las iniciales K.T. La curiosidad me pudo, tengo que admitirlo, y me faltó tiempo para ver su contenido. Quedé maravillada ante las imágenes que se proyectaban en la televisión. Una mansión, casi de ensueño, perdida en algún lugar del mundo y a la cual, por alguna razón, yo había tenido la suerte de ser invitada a pasar el nuevo año con la única condición de dejar en ella una copia de los relatos que escribiera durante mi estancia. Miré a mi alrededor, era Navidad y estaba sola, no tenía a nadie con quien compartir una cena, y mis maletas, apoyadas en la puerta del recibidor, esperaban un destino. En cuanto apareció el número de teléfono en pantalla, no tuve la menor duda. Se me ofrecía la opción de dejar atrás mi pasado y no podía desperdiciarla. Llamé para confirmar mi reserva.

La mansión era fascinante. Por fuera parecía un castillo de cuento de hadas y por dentro lo era. La habitación que me había sido asignada parecía hecha a mi medida y a mi gusto y eso me sorprendió gratamente aunque me hizo sospechar que mi presencia en la casa no era fruto de la casualidad y que nuestro querido conde, K.T., sabía de mí más de lo que yo habría deseado. 

Recorrer la mansión era un poco complicado a veces, sus estancias y pasillos tenían una distribución laberíntica por lo que era muy fácil equivocarse, y más aún por las noches, cuando las sábanas del silencio envolvían sus estructuras y las sombras hacían más complicada la identificación de los caminos. A veces, cuando cruzaba una puerta parecía estar caminando por el mismo corredor. Pequeños detalles lo hacían distinto al anterior, pero los recorridos eran tan similares que siempre tenía la sensación de haber pasado antes por allí.

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