Hoy hace un día de perros en Mansheon, se ha levantado un viento desapacible en extremo, hace un frío que cala los huesos y no ha parado de llover desde ayer. Casi todos nos hemos refugiado en la sala de música y ahora mismo estamos escuchando el Concierto para violín en re mayor, Op. 35, de Tchaikovski. Su música es un compendio de los secretos que encierra Mansheon, pues en ella están presentes el amor, la muerte, el destino, la belleza, la desesperación…
Tchaikovski era homosexual, esto no constituye ningún secreto para nadie, mucho menos para los amantes de su música, lo cual marcó su vida y está en la base de sus fracasos afectivos y emocionales. A pesar de serlo se casó con Antonina Miliukova, una discípula suya, para acallar las malas lenguas y salir de dudas, algo fácil de entender si tenemos en cuenta que en aquella época era un grave pecado. Pero su matrimonio fue un rotundo fracaso que lo sumió en una profunda depresión que lo apartó de Antonina y lo llevó a un intento de suicidio. Fue precisamente en esta tesitura vital en la que compuso el concierto que ahora escuchamos.
Mientras su música nos envuelve, al influjo de la condición del autor y su atormentada vida, recuerdo el caso de un amigo que, de forma inexplicable, se quitó la vida colgándose de un madero en su propia casa. Cincuenta y tres años tenía, los mismos que el compositor ruso cuando murió.



