-¡¡Será si yo lo permito!!
Después de decir esas palabras Louise se marchó del salón sin permitir, si quiera, una contestación por parte de Benjamin o mía. Su modo de actuar se iba convirtiendo en una costumbre que no lograba asimilar ni entender.
-Ya hablaré yo con ella-dijo Benjamin- déjelo de mi cuenta, Carmen.
-¿Pero qué le he hecho yo ¿ ¿Por qué me odia de esa manera? A otros de mis compañeros, sé que les trata de modo diferente, les he oído contar sus encuentros con ella… no lo acabo de comprender. Más que preguntas a Benjamin eran reflexiones que yo me hacía, sin esperar contestación.
-Ya le he dicho que no se preocupe, es todo más complejo de lo que parece, Carmen.
Benjamin, movió su silla de ruedas hacia una escribanía que había al fondo del salón. Tenía en su mano una llave dorada, pequeña y con unas filigranas extrañas, diferentes y muy peculiares. Abrió uno de los cajoncitos y extrajo un sobre amarillento, pero no viejo. Si los objetos inanimados pudiera tener edad vital, yo diría que era joven a pesar de no parecerlo .En la solapa tenía un sello de lacre rojo, era un círculo con una M en el centro.


